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sábado, 11 de julio de 2015

Sola

"Se me ha gastado el amor de tanto usarlo."
Eso leí hace un tiempo, ahora no recuerdo dónde. Tampoco sé si es de algún escritor famoso o de algún tipo anónimo. Entonces, no lo entendí. 
Ahora esta frase ha vuelto a mi, como un boomerang. 
Y me pregunto yo: ¿ Se gasta el amor? ¿Cómo puede gastarse algo que ni tan siquiera puede tocarse? Algo que no puedes ponerte encima porque si. Está claro que gramaticalmente la frase no tiene por dónde cogerse. Pero, y emocionalmente? 
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Yo te he querido como nunca creí que se podía querer. Te he escrito cien versos de amor y alguna canción desesperada, también. Te he visto dormido y despierto. Hemos compartido cojín y también juegos. Hemos hecho el amor. Hemos celebrado juntos y por separado. Siempre creí que serías tú la persona con la que superaría cualquier obstáculo que el mundo me pusiera o que tal vez yo misma creara. No tardé más que casi dos meses a declararte mi amor. Tampoco tardé mucho más en vernos con niños a nuestro alrededor. No tenía ni que imaginarme que serían tuyos. 
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Ahora, creo que se me han gastado las fantasías. Ahora creo que me he dado de bruces con el mundo real. Y ahora, creo que no me gusta. Ahora me pregunto que qué debo hacer con mi vida. Si optar por la vía segura y tranquila a tu lado o abandonar esta nave e ir hacia otra dirección. ¿Cómo puedo encontrar la respuesta? Antes creía que el amor todo lo curaba. Qué también curaría mis manías, mis ganas de huidas, mis días malos y qué todo se haría fácil. 
Pero a todos, o a mí, nos gustan las complicaciones. Nos gustan que las cosas se nos compliquen y disfrutamos con lo que no tenemos, con lo (in)alcanzable. ¿Por qué? 

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Me equivoqué. 
Y ahora no se cómo (vamos a) solucionarlo.

A veces, pienso cosas que no debería. 

martes, 12 de julio de 2011

Hasta donde nos lleve tu aliento...

Nos escapamos, los dos lo hicimos bien.
Y ahora estamos aquí, mirando al mar. Tú ¿nunca te has preguntado porque la tela de las tumbonas es azul? Yo un montón de veces. O ¿por qué hay palabras que se dicen de una forma y siempre las decimos mal? O ¿por qué cuando escuchas una canción que te gusta mucho y no la entiendes, te la inventas? Ahora llevo los cascos del móvil en las orejas y suena una de aquellas emisoras que no entiendo. Sé que estamos en otro lugar y aquí todo es diferente, incluso el olor de las calles y de los puertos. Tengo ganas de hacer una foto con tu móvil y enviársela a mi madre para que sepa que estoy bien, que esto es lo que siempre había soñado. Sólo que faltaba ese empujón de aire y arena para llevarme bien lejos y escaparme de mi soledad interior, de mis monstruos del invierno pasado. De la enfermedad del dolor. Debo confesar que aquella fiesta fue el reencuentro perfecto, porque antes de conocerte, antes de sacarme a bailar, de poner tu chaqueta en mi espalda o de susurrarme al oído nuestra canción, ya sabía que serías importante. No todos consiguen magnetizarme con su sonrisa y compartir días en el parque y regalar bailes. Y el jazz entre nuestros dedos y nuestro aliento colándose por nuestra ropa interior...Nuestros pies sumergidos en la arena y nuestro cuerpo lleno de crema solar, mis uñas de color rosa pastel y tu con el sombrero azul marino a conjunto con el oleaje. Y sobretodo, sonriendo. Aunque a veces, sólo lo hagamos en sueños.
Hoy hay espaguetis con tomate, queso y calabacín una buena receta de verano, mediterráneamente, como la cerveza-dices.

viernes, 29 de abril de 2011

las horas que vendrán.

San Sebastián. Abril'11
(si clicais en la X en etiquetas, están las primeras partes)
Después del baile. Hubo tres llamadas más. A casa, al móvil. Tu voz en el contestador de voz. Mensajes en él, como en las películas. 
Un día en lugar de tu voz, estaba esa canción que te cantaba mientras bailábamos en la fiesta. 
No me imaginaba, que tú, el chico de la camisa de cuadros me invitase a un baile, en aquella fiesta, repleta de enemigos conocidos. No me imaginaba que en medio de todo el gentío, tu mirada se cruzara con la mía, ni que cogieses el micro y gritaras que querías conocerme. Eso fue lo más mágico de toda la noche. Y que me preguntaras que quería hacer. Y susurrarme bajito, que querías escaparte conmigo a cualquier lugar, a otra parte. Y que si eso no podía ser, que si había venido acompañada, que te conformabas con sacarme a bailar. 
El día dos, me dijiste tu nombre. Y me invitaste a un batido de frutas. Nos sonreímos durante más de media tarde. Eramos dos desconocidos felices. Al llegar a casa, la canción en el contestador. Y una sonrisa de oreja a oreja. Próxima cita: en la estación de trenes. Destino: cualquiera. 
Recuerdo que te dije, que tenía muchas ganas de escapar. De perderme. Que sólo me faltaba un compañero de viaje, que siempre le había tenido miedo a eso de hacerlo sola. Tú, me cogiste de la mano y dijiste: vamos a derribar los recuerdos, vamos a cambiar de dirección, vamos a encender la luz. 

martes, 15 de febrero de 2011

Y si, me desvanezco contigo. Mis piernas te siguen y mi cabeza está en otra parte. Me llevas fuera, al jardín. Con los 0ºC marcando en el termómetro de la entrada. Y mi abrigo azul marino colgando en la percha de la habitación. Quiero decirte que volvamos a dentro, que la fiesta está ahí. Y antes de que pueda decir nada, te acercas y pones tu dedo índice en mis labios y me obligas a seguirte de la mano, como si fuéramos amantes que tuviésemos que escondernos. Detrás una piscina privada y un columpio lleno de enredaderas. Dices que ahora, para que todo fuera perfecto debería cerrar los ojos y entonces me besarías y me abrazarías fuerte para que el frío se colara entre nosotros dos y se convirtiera en una corriente de hormonas y calor. Que así es como deben hacerlo en el polo norte los esquimales. Pero como sabes que es pronto, e Y, está dando vueltas por la fiesta. Sacas tu ipod, conectas los altavoces y me pides que te conceda un baile. Me pones tu chaqueta en los hombros y una flor en el pelo. Al azar, suena "come to me cold, come to me helpless" y me sorprendes, porque creía que los chicos como tú, no escuchaban estas canciones. Entonces me pierdo contigo y la música, con la brisa fría que acaricia mi cuello y con el vaho que empaña los cristales...

domingo, 30 de enero de 2011

Pensaba decirte que el otro día escuché una canción que me recordó a la forma en cómo me tocabas. En como nos escondíamos en tu coche y me dabas besos en la oreja. O en como fruncías el cejo cuando me reprochabas que no te había escrito mensaje de buenos días. Pero luego, me acordé, de que no te echo tanto de menos. Que sólo te siento, algunas veces en los sueños. Sólo para darte celos en ellos. Que ya no sonrío cuando me hablan de ti y ni siquiera, menciono que una vez te conocí. 
Y luego, conozco a X en aquella fiesta abarrotada de gente, sus ojos brillando y yo intentado fingir que no me he dado cuenta. Que no he notado su respiración cerca y el ligero compás de sus piernas haciéndome señales para que me acerque. Y resulta que en la fiesta es obligatorio, escribir una nota misteriosa a alguien que nos guste. Y apareces, tú. Mirándome como si nunca te hubieses ido.  Y mi corazón intentando huir. Y mientras tu me miras y yo aparto la mirada, se oye en los altavoces el primer mensaje: "Te besaría". Y al girarme, aparece X detrás, y al contacto con sus dedos me desvanezco. Como las notas musicales se pierden en el aire.