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viernes, 8 de enero de 2010

he cruzado todo el universo

En la ciudad hace frío y las manos abrigadas con guantes se congelan poco a poco.
El corazón, en teoría, es el último órgano que se enfría. El que aguanta siempre todo el peso. El que aguanta incluso, cuando no hay nada que sentir. Cuando todo el cuerpo no responde. Él sigue ahí, intentando sobrevivir.
Y aunque quieras pensar otra cosa, la ciencia funciona así.
Por eso, S no escogió el bachillerato de ciencias, porque no podía estudiar algo en lo que no creía. Y de hecho, sigue sin creer. Ella es más de arte, de creer con los sentimientos. Ella es de corazón, pero del que a veces, deja de latir porque no encuentra motivos para seguir haciéndolo. A veces, tiene que tomarse una taza o dos, de té rojo bien caliente para que los recuerdos se instauren de nuevo en su cabeza, para que la niñez aflore de nuevo, y vuelvan los tiempos mejores.
S siempre ha creído que es mejor que vuelva el pasado para poder crear un futuro mejor. El presente no suele gustarle, porque es el que la hace sufrir, el que la deja noches enteras sin dormir, el que la desvela, el que la obliga a no sonrojarse cuando le roza la mano a algún chico guapo. El que hace que su corazón lata fuerte cuando está subida en el escenario dándose un beso ante miles de personas, cada día distintas. El que la hace darse cuenta que su amor platónico vive en otra dimensión que no es la suya. Y el que, la hace recordar que no es exactamente ,lo que ella había deseado con ser.
Pero a veces, se toman decisiones o deben tomarse y no siempre son las mejores. Ella lo había dejado todo, por empezar de cero. Y empezar de cero, no significaba volver a enamorarse de M.
Significaba ser feliz...

lunes, 30 de noviembre de 2009

Todos los diciembres están donde los escondí*

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A unos 100m de G, estaba C. Intentando retratar todo aquello que a sus ojos era hermoso para ser retratado. Llevaba el pelo suelto y era rubia. El color de sus ojos combinaba con sus gafas. Cuando conocía a un chico y le preguntaba que era, siempre decía que era libre. Que ahora mismo no tenía otra ocupación que ocupar su tiempo en conocer gente y retratar arte. Y eso, siempre le hacía estar acompañada pero sola a la vez. Todos los chicos que había conocido durante sus viajes se encandilaban con sus historias y siempre hacían todo los posible para intentar ganarse un espacio en su memoria o en su cámara de fotos.
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G se había fijado que ese día en el tren, unos asientos más allá del suyo, había una chica de pelo rubio lacio. Le parecía ver como si del cuello le colgara una cámara de fotos. Una polaroid, como la que tenía él en el piso y casi nunca utilizaba. Su corazón sentía una rara curiosidad por saber quién era esa chica y hacia dónde iba. Era la primera vez que se encontraba a una chica viajando en tren. Sola. Y de pronto, su corazón empezó a latir fuerte, demasiado, tal vez.
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C sabía que unos asientos detrás del suyo estaba G. No le conocía, pero sentía que era el chico más misterioso que había visto en mucho tiempo. Tardó más de 10' en volver a concentrarse en el paisaje.
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Restaba 1hora de viaje y 2 paradas. Tiempo suficiente para que uno de los dos se acercara al otro, se sentara a su lado y dijese cualquier cosa. Como por ejemplo: " qué día tan precioso hace hoy".
Y quizá de esta forma, podríamos escribir la futura historia de
G y C. (porque Olly, si es otra historia).

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1vagón más allá. N y M vuelven a casa.
S espera a M en la estación.
Con las gafas de sol puestas, para que no la reconozca.
Sin saberlo S, P se esconde detrás del mostrador de información.



foto: puesta de sol en Lleida (hace pocos días).

lunes, 16 de noviembre de 2009

A Olivia le gustaba G

S y P compartían piso.
A S le gustaba el chocolate caliente. Y a P los regalices rojos.

A veces, cuando P le preparaba el desayuno a S le tiraba pequeños trozos de regaliz rojo en el chocolate, sólo para que la mañana fuera más dulce.
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A P le gustaba M des de hacía unos años. S le comunicó a P que iba a aparecer en esa obra de teatro por la que había estado entrenando des de hacía tiempo. Lo que S no le contó es que M también actuaba en ella. S conocía a M des de los cinco años cuando se lo encontró en el parque donde iba a jugar todas las tardes. Cuando coincidió con él en el teatro, volvió a revivir su infancia.
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A S también le gustaban las cosquillas que le hacía P (cuando los dos sentían que el amor les había fallado) en las mejillas y en el cuelo cuando sólo en algunas ocasiones la besaba lentamente. Sin embargo, S estaba embrujada por la magia gris que desprendían los ojos de M des del día que le tocó ensayar una escena con él. M se había fijado alguna vez en ella, pero sólo porque le recordaba lo bien que se lo pasaba de pequeño con ella.

Lo que S no sabía es que a P le gustaba M. Por eso cuando a S se le colapsaban los pulmones de humo de tanto cigarrillo, se emborrachaba con P hasta las cuatro de la mañana y luego acababan en la cama desnudos. Y luego a P le dolía el corazón porque no sabía decirle a S que no.
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P conocío a S una fría mañana de otoño, ella iba en moto y por descuido su pañuelo rosa se soltó de su fino cuello. P que estaba leyendo una novela en un banco se levantó a cogerlo. Cuando la miró a los ojos creyó vislumbrar amor. Despertó del sueño, cuando una voz varonil le dijo a S que la estaba esperando. Entonces P dejó embrujarse.


2años de amor camuflado. Entre besos en portales, besos con sabor a chocolate con regaliz. P sólo había coincidido con M dos veces.

M ni siquiera se había dado cuenta.

M estaba enamorado hasta la médula de N.