En la ciudad hace frío y las manos abrigadas con guantes se congelan poco a poco.
El corazón, en teoría, es el último órgano que se enfría. El que aguanta siempre todo el peso. El que aguanta incluso, cuando no hay nada que sentir. Cuando todo el cuerpo no responde. Él sigue ahí, intentando sobrevivir.
Y aunque quieras pensar otra cosa, la ciencia funciona así.
Por eso, S no escogió el bachillerato de ciencias, porque no podía estudiar algo en lo que no creía. Y de hecho, sigue sin creer. Ella es más de arte, de creer con los sentimientos. Ella es de corazón, pero del que a veces, deja de latir porque no encuentra motivos para seguir haciéndolo. A veces, tiene que tomarse una taza o dos, de té rojo bien caliente para que los recuerdos se instauren de nuevo en su cabeza, para que la niñez aflore de nuevo, y vuelvan los tiempos mejores.
S siempre ha creído que es mejor que vuelva el pasado para poder crear un futuro mejor. El presente no suele gustarle, porque es el que la hace sufrir, el que la deja noches enteras sin dormir, el que la desvela, el que la obliga a no sonrojarse cuando le roza la mano a algún chico guapo. El que hace que su corazón lata fuerte cuando está subida en el escenario dándose un beso ante miles de personas, cada día distintas. El que la hace darse cuenta que su amor platónico vive en otra dimensión que no es la suya. Y el que, la hace recordar que no es exactamente ,lo que ella había deseado con ser.
Pero a veces, se toman decisiones o deben tomarse y no siempre son las mejores. Ella lo había dejado todo, por empezar de cero. Y empezar de cero, no significaba volver a enamorarse de M.
Significaba ser feliz...


