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Vol de Colom. La Garrotxa'12 |
Ahora hace casi un año que te has ido. Ahora justo cuando empieza el colegio, cuando empiezan las clases, ahora cuando me dabas la mano y me acompañabas a la parada del autobús. Cuando decías "vas a llegar tarde" o "quédate con la señorita Inés" hace más de diez años. Ahora cuando recuerdo tus gafas viejas y la coronilla de tu calva asomando. Ahora cuando me reñías en casa y a veces fuera. Cuando me mordía las uñas y me llamabas la atención.
Te has mudado a poco más de tres manzanas de aquí y es como si te hubieses mudado de ciudad, de país, de continente. Es como si te hubieses transformado en alguien que no conozco, que nunca he conocido, que nunca antes había visto. Es como si fueses de esos que me llaman al móvil para cambiarme de compañía y tengo la necesidad de colgar a los tres minutos. Es como si hubieses sido alguien pasajero en mi vida, como si te hubiese conocido en una feria o arriba de una noria o te hubiese escuchado un día en la radio.
Es como si todos esos recuerdos de niña, adolescente, juventud estuvieran perpetuos en mi memoria. Sin moverse, sin trascender, sin encenderse. En gris. Como si un día los hubiese metido en un cajón y hubiese perdido la llave. Como si no importase todo lo que un día construimos. Como si sólo estuviese este año rondando en mi cabeza. Este año de perdidas y lágrimas. De echarte de menos sin reconocerlo. Este año de no reconocerte, de dolerme, de odiarte por todo. De no poder abrazarte porque me eres extraño. Porque me he vuelto insoportable contigo, porque me resultas pesado, porque me mientes, me escondes las cosas. Porque en lugar de hacer de más, haces de menos. Los dos hacemos de menos. Y así, nunca nunca nunca podremos volver a los recuerdos bonitos.