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Girona |
Si puedo escapar es con la mente.
Puedo viajar al pasado. Sentarme en tus rodillas, jugar al trote y al galope. Comer un helado de coco y que se derrame por el calor de mis manos en el cono de galleta. Toda la blusa de estrellas saltarinas manchada. Puedes reñirme o abrazarme. Puedes contarme historias de guerreros o de guerras en el corazón. De cuando eras pequeño y jugabas a las canicas o de cuando era pequeña y me gustaba saltar a la comba. Puedo recordar las fotografías junto a estanques y montañas rusas y sonreír apretando fuerte los dientes.
Puedo escapar saltando charcos con unas botas de agua de colores. Ser una mariposa que viaja libre, sin riendas ni mochila. Puedo transformarme en agua y caer despierta por el grifo de tu cocina. Puedo emigrar como las golondrinas y volver en verano. Esperarte en cualquier otra ciudad, en cualquier café con vistas, recordar que en París nunca has estado. Dibujarte con mi mente toda la ciudad y con la mirada aquella instantánea que nunca podrás olvidar. Si puedo escapar es soñando en la cama de mi habitación. Mirando los planetas que se encienden en el techo al apagar la luz. Si puedo escapar es desnudándote el alma y dormirnos hasta mañana a las tres. Sonriendo porque trabajamos y estamos contentos. Si puedo escapar es rozándonos la palma de la mano en una estación de trenes abarrotada de gente, con esperanza en una mano y un billete en la otra. Es no poder dejar de mirar el paisaje pasando rápido a mi alrededor, mientras escribo en una libreta blanca todas las cosas que desearía cambiar.
Puedo irme, y no escapar.