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Sierra de Albarracín'11 |
este año te has instalado en mi. Lo noto por mi respiración, porque suele estar más entrecortada que nunca. Lo noto porque tu frío se ha mudado a mis mejillas y mi nariz parece un congelador o un polo de fresa. Porque mis pies necesitan un forro polar que los abrigue o el calor corporal de otros que los proteja de las corrientes de aire. Lo noto porque tengo más ganas de llorar que nunca, me encuentro más triste, porque no sé si esto es lo correcto, porque no sé aún si este es mi sitio.
Porque la niebla se cuela entre mis retinas y me hace dibujar paisajes interiores y recordarte en todas las canciones, porque el mar está más lejos que nunca y el vaho alimenta los espejos, porque la gente dibuja corazones en los retrovisores y lleva bufandas de colores y abrigos de plumas. Porque ahora lo que apetece es un té caliente o el caldo de la abuela. Y envolver los regalos de navidad con cintas y papeles con arbolillos y estrellas que brillen. Y recorrer la calle mayor en busca de sonrisas, de la mano del chico que más te gusta en el mundo, descubrirte con la mirada en los vestidos de los aparadores y perderte por las librerías y las tiendas de decoración de Navidad (entre papás noeles y muñecos de nieve y luces intermitentes).
Te has instalado en mi porque las ciudades duermen y en mi casa sólo hay altavoces. Haz que este grito de amor desesperado que llevo dentro salga y consuélame. Ciérrame los ojos y devuélveme. Cántame canciones para que te quiera y sácame este miedo a ruborizarme, despiértame y dime que en invierno también vale la pena vivir. También sirve de algo soñar. (sobretodo si tienes con quien compartirlo luego). Y yo quiero hacerlo.