martes, 6 de septiembre de 2011


De la magia que había en esas palabras y la ilusión en nuestros besos. De cómo me cogías de la mano y yo por dentro me sonrojaba. Me acuerdo bien de todas aquellas miradas que se perdían entre los dos y aquellas sonrisas galácticas que nos envolvían. De todo lo que sentíamos al comienzo y cuando todo tenía que funcionar. De lo seguros que estábamos al principio, una seguridad camuflada por incertidumbre. De las tardes en aquel bar y de nuestro "meeting point" (como si estuviésemos en Berlín).  De aquellos bailes que nos prometimos y del francés que dejé olvidado en aquella playa.
Me acuerdo bien de aquellas noches que no queríamos que terminaran. De jugar hasta casi el amanecer y de la hora exacta en la que el camión de basura nos acompañaba desde la ventana de un noveno. De las fotos que no llegamos a hacer desde ahí. De la música que se quedó. Que se ha quedado. 
Me acuerdo de las cartas que te he escrito, des de que aún éramos invierno. Des de que éramos frío y no con manta y peli. De las que hemos visto alguna vez en el cine. De la cotidianidad que me hace recordar que ahora he tenido que inventarme un vocabulario (imprevisto) para poder canalizar todas aquellas cosas que pienso contarte. Todo aquello que me alegra y me rompe por dentro. De las cosas que me gustaría escucharte decir, ahora o once meses después, no sé. Del "no puedo dejar de respirarte". Y sigues estando aquí. "No quiero verte todavía" e irme sin despedirnos. Imaginar que dentro de esos once meses cuando a los dos nos reviente el pecho de alegría, podamos mirarnos a la cara y sigamos sintiendo que no sirvió de nada escapar.
...Y recordar que fui yo la que escribió que septiembre lo cambiaría todo. Verso acabado.
(no sé porque ahora que debería dejarte ir, quiero escribirte más que nunca)

1 comentario:

Jesús... dijo...

Las historias que empiezan siempre estan cargadas de ilusion, pero entender el final de las cosas es parte de un nuevo principio.
Septiembre es un mes delicado...
Saludos!!