
2.30 de la mañana.
La nevera marca 4º.La abro y se me congelan las manos. ¡Joder!
Dos botellas de leche desnatada, una lata de atún y una caja llena de barritas para adelgazar.
Mi estómago pidiendo a gritos comida.
Abro el cajón marrón del recibidor, saco el librillo de los teléfonos y veo el anuncio de una pizzeria que sirve a domicilio hasta las 03.00 de la madrugada. Aún faltan 15', puedo llamar.
Y ya que estoy, pido una botella de whisky del fuerte, para ahogarme dentro. Que tengo algunos vasos de esos de película.
Que el trabajo me trata mal. Levantarse a las seis de la mañana no tiene precio.
Presumir que tu vida va de maravilla, delante de tu familia. Que tienes amigos que te llaman y que tienes el trabajo que siempre habías deseado, debería quemar calorías. Y en lugar de eso, me miro al espejo y cada día, me reconozco menos. No puedo dejarlo. No se como hacerlo.
Y encima, mañana u hoy es sábado. Otro día encerrada, entre estas cuatro paredes, otro día viendo telenovelas colombianas. Otro día, pegada al sofá. Pegada a un teléfono que no suena.
Y entonces decides llamar(le).
Y entonces decides llamar(le).
(dedicado)*
ACLARACIÓN: la chica de la que hablo, no soy yo!! (aunque gracias por los mensajes de ayuda);)