miércoles, 24 de marzo de 2010

...que difícil parecen las cosas, a veces.


A y F se encuentran todos los días. A la misma hora. En el mismo maldito ascensor. Y nunca han sido capaces de sonreírse. Ni de decirse un "buenos días" el uno al otro.
Y esta mañana llueve. Cómo no hacía des de hacía tiempo.
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A se ha olvidado los guantes azules en el piso de J. ¡Vaya mala suerte! No sabe si subir otra vez, y perderse el encuentro con F, o por un día des de hace tres años, saltarse esa rutina. Esa rutina, que no sabe como olvidar.
A J le conoció en un karaoke mientras sonaba Tonight's the night del magnífico Rod Stewart. Llevaba un jersey violeta que combinaba con sus deportivas y tenía las manos grandes como a ella le gustaban. Se enamoró perdidamente cuando se le acercó con una bufanda azul marino y le dijo que era la mitad que andaba buscando. Pero, ahora, el fuego se había extinguido, cada día había menos bosques que apagar. Casi seis años después, cada mañana en el ascensor, sentía que le estaba siendo infiel, con un casi completo desconocido. Por el que sentía algo más que un simple cosquilleo, ya.
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F se olvidaba del mundo cuando subía al ascensor, todas las mañanas, antes de irse a clase.
Hace tiempo soñaba con que el ascensor se parase, y se quedaran encerrados durante horas y que aprendieran a hablarse, a mirarse, a sentirse cerca e incluso a tocarse. A gritarse por dentro, a besarse efusivamente. A hacerlo todo, lento y rápido. Que se notaba que el ascensor ardía cuando los dos estaban a menos de dos segundos del primer latido, del segundo despertar, de la tercera canción del reproductor y de la cuarta planta antes de llegar al cero.
Joder! 3 años. 3 años mirando el reloj. Deseando que siempre fuesen las diez de la mañana. Que se cruzasen al salir en el portal, que se encontraran en el pasillo de la facultad, que lo hiciesen de fiesta por la ciudad y que cerrasen los locales juntos. Pero, estaba J. El vecino del cuarto primera. El chico de las gafas de plástico negro. El contrincante en este juego que aún no había llegado a empezar.

Y encima, hoy llovía, y había olvidado su paraguas. Sólo cinco minutos para decidir si volvía a entrar en casa y se arriesgaba a perderla o entrar en casa y volver a despedirse de Belén, con un beso, otra vez.

8 comentarios:

Dana O'hara dijo...

que no vuelvan, mejor mojarse. Pero deberían hablarse ya! se pierden tantas cosas por miedo :(

femalewriter dijo...

Ojala A y F se armaran de valor.
Sería tan bonito...sin hablar sin nada y se quiere/desean de esa manera tan peculiar. Me gusta.

la chica de los lacasitos dijo...

pueden correr, o protegerse en los soportales juntos :) quien sabe, a lo mejor la lluvia les une en su común intento por permanecer secos!

pero deberían ser valientes...
si no, quien sabe si serán felices!

:) :)

Pintamonadas dijo...

"vuelve y al menos inventa una despedida, finjamos que la tuvimos"

(:

X dijo...

Fantástico. Que paren ellos el ascensor, o que no se pare, da igual. :-)

Murdermuffin dijo...

bueno, F puede dejarle sus guantes a A y después podrían compartir el paraguas de ella, no?

Un beso!

Juan Bello; Sonia Marpez dijo...

la rutina nos ata fuerte, nos ata en corto, pero en el fondo creo que eso nos gusta.

un saludo!
Juan.

V dijo...

Qué grande "I'll stand by you".

Siempre igual, siempre otra vez...

¡Besos!

V