Jugábamos a enterrar palabras en la arena, a que las olas se llevaran nuestros amargos recuerdos. A darnos besos bajo el agua y que nuestros labios se quedaran impregnados de ese sabor salado, sabor a agua marina, a mundo debajo del agua. Nos cogiámos de la mano y queríamos grabar bajo la piel todas aquellas sensaciones que el agua se llevaba cuando dibujábamos un corazón en la arena. Queríamos sentirnos dioses de nuestro propio momento, crear universos juntos, crear constelaciones de la química irresistible que desprendíamos. Dejar que el dolor de garganta se colara en forma de mariposas en nuestro estómago. Subir los peldaños de aquel faro en medio del mar, de diez en diez, que nos faltara el oxígeno al llegar arriba, iluminar(me) con su luz, quedárnos dormidos con el insistente sonido que hacen las olas al romperse contra las rocas. El mismo sonido que hace mi corazón cuando tu lo tocas, cuando siento que poco a poco se va perdiendo una pieza de ese puzzle imaginario que nos inventamos para poder vivir mejor. Jugábamos a inventarnos sueños, a pintarlos de colores. A juntar estrellas, a escribir listas imposibles de cosas por cumplir, a darnos besos en la espalda, en el cuello. A recorrer a ciegas nuestros cuerpos con una venda en los ojos, como si mañana no fuéramos a vernos más. A saltar a la comba y reírnos tanto que nos exploten los tímpanos de los oídos. Recordar aquella tarde en que bailamos juntos, que nos despertamos en la misma habitación sin antes habernos visto con la mirada penetrante.
Jugábamos a encontrarnos por casualidad en aquel pueblecito de playa que conocí por casualidad en aquel libro que me regalaste, para que no dejara de soñar-dijiste. Jugábamos a que mañana no llegara, a que cuando cerrara los ojos y contara hasta 3siguieras ahí. Siguiera ahí. 
A que mañana estubiera aquí.
Lejos, supongo.
*Titulo: Canción "con las ganas" de Zahara.