Se despertó sonríente. Aquella mañana iba a ser la mejor-pensó.Había dado tantas vueltas ya, que no podía imaginarse una mejor ocasión para expresarse.
Se había dado cuenta, que des de aquel momento en que le vió por primera vez tenía muchas ganas de vivir, en realidad se sentía viva. Hacía tiempo que no se paraba a pensar porque vivimos sumergidos en la rutina de todos los días, sin aprender a vivir el momento, el instante, aquel minuto o segundo que es único. Que a veces, darías todo para volver a recuperar aquello que no disfrutaste.
Siempre había creído que las frases de amor no estaban hechas para ella. Que el amor, era un juego entre dos personas que sentían lo mismo. Que cuando estás agusto con alguien y sólo quieres estar con él a veces las palabras sobran y ella sentía que eso era mucho más amor que una frase, que otras veces había escuchado sin sentimiento.
Esta vez tenía ganas de vivirlo todo. Y con todo quería escucharle cerca, sentir su aliento enfrente del suyo. Distinguirle entre la multitud, buscarle y encontrarse. Que le hiciese cosquillas de improvisto. Echarse unas risas mientras bailan al son de la música. Mirar las estrellas junto al mar. Decirle que se parece tanto a lo que no buscaba que por eso se siente tan agusto. Y es que en realidad, no sabe si algún día le besará, pero si sabe que quiere que la saque a bailar, que la abrace, de que sin querer la coja de la mano-muy fuerte-para que no pueda evitar sonrojarse. Mirarle a los ojos y que le brillen.
Decirle todas aquellas cosas que nunca ha dicho antes, decir todo aquello que se pierde cuando dos personas no sienten lo mismo y disimular que no importe, sentir todo aquello que no está permitidio sentir, todas las miradas que no se entregan, todos los besos que no se dan, todos los miedos que tenemos pero no decimos. Todas la veces que gritaríamos de rabia, de dolor, de soledad...
Por eso, aquella mañana (quizá) todo iba a cambiar.